La
preocupación de los mayores frente a las mentiras de su hijo,
toma a veces, el carácter de un cuestionamiento de toda la
crianza y la educación del niño.
Los padres, que se han esforzado en serr veraces con su hijo, se
asombran cuando lo descubren eun una presunta mentira.
Puestos
frente a este hecho surgen las dudas: ¿merece un castigo?
¿la comprensión? ¿el olvido?. Y aparecen entonces
fantasías acerca de su maldad o de futuros delitos totalmente
desproporcionadas respecto del papel que ocupan la verdad y la mentira
en la mente infantil.
Señalar la existencia de las mentira, implica definir a que
se llama mentira. Tradicionalmente se entiende por ella a toda
alteración o trastocamiento de la verdad producido a sabiendas
para la obtención de un beneficio secundario.
Pero
según esto ¿se puede llamar mentiroso a un niño
de 3 años que jura haber visto a su superhéroe favorito
entrando por la ventana para conversar con él un rato?
El
juego habitual de los chicos de seguir la definición previamente
formulada esta repleto de "mentiras". Sin embargo nadie
acusaría a su hijo de mentiroso en esta situación.
Hay otros ejemplos que apoyan esta aclaración: un niño
le pega a un compañerito del jardín, y acto seguido,
asegura haber sido golpeado por el otro. ¿Es un engaño
o una consecuencia de un momento evolutivo particular donde la confusión
entre el YO y el otro
es habitual?
También hay que considerar que a veces el castigo corresponde
meramente a la preocupación por corregir la falta: por ejemplo
tenemos que la indulgencia con que muchos mayores suelen ver las
fantasías de sus hijos cesa cuando éstos entran en
la escuela primaria.
¿No es entonces, por lo menos en ciertos casos, el temor
a un reproche ainstitucional (a que va a decir la maestra) lo que
los mueve a sancionarlos?
LA
VERDAD EN LA FAMILIA Y EL INDIVIDUO
El valor de la verdad dentro de la familia, tiene un papel fundamental
como modelo de identificación, desde la verdad a ultranza,
hasta la mentira piadosa y desde la información veraz hasta
los graves secretos familiares, todas las actitudes de la pareja
de padres son un molde para desarrollo del niño.
Sería mucho más sencillo si siempre se dijera la verdad
o siempre la mentira; pero en una familia nunca se concreta esta
regla y los hijos deben distinguir lo verosímil a través
de un juego de errores y aciertos.
El
proceso vital, determina una construcción activa del niño
en búsqueda de su propia verdad. Las dificultades de este
punto son enormes frente a un medio social de certezas parciales
y cambiante.
El
escepticismo con frecuencia hace pensar que lo más conveniente
es la verdad y se lo equipara con larealidad.
Curiosamente,
las mentiras de los grandes cumplen un lugar en la evolución
del niño.
El
bebé va aceptando en forma progresiva la ausencia de los
objetivos y las personas, pero ciertos mecanismosllenan esa falta:
los juegos, las fantasías, las palabras.
La noción de "sí
mismo" opuesta a la de "otro" constituye un serie de imágenes psíquicas internas
(este soy yo y este sos vos)
FANTASEAR
NO ES MENTIR
Hay momentos donde el niño piensa que sus imágenes
de las personas y las personas reales son idénticas.
Por
lo tanto supone que es verdad todo lo que fantasea y todo lo que
otros hablan. La aparición del engaño, la irrupción
de la mentira, determinan una ruptura forzosa de esta idea y el
nacimiento de una sospecha: "los demás no son como yo
creo".
Cuando
el doble plano se hace evidente, el niño debe aceptar una
separación entre su "imaginario" y el medio ambiente.
El juego entonces
se enriquece y pasa a ocupar un lugar fundamental: el de sustituir
la realidad a veces incomprensiblemente, por sus propios deseos
("es de jugando").
Es
de señalar la importancia de que el niño se "de
cuenta" de las diferencias entre sus deseos y la realidad exterior.
La mentira, el equívoco, la discordancia, tienen su papel
importante en ese punto y forman parte de un complicado juego simbólico.
Hemos dejado de lado las evaluaciones morales para rescatar el valor
del juego en la vida psíquica infantil. Un padre frente a
una presunta mentira puede encontrar un plano lúdico y llevar
la situación hacia ese lugar ("es de jugando que me
lo decís ¿no?").
Esto
conlleva un beneficio mutuo ya que evita todo tipo de acusaciones
y reproches equivocados y enriquece el juego de su hijo.
RESPETAR LA FANTASIA SIN CONFUNDIRLA CON UN ENGAÑO MALÉVOLO
ES DE EJE CENTRAL DE UN BUEN MANEJO FAMILIAR
LA
TRAMPA DE LA MENTIRA
Luego de los cuatro años, la comprensión del chiste
y el equívoco (lenguaje metafórico) desarrolla toda
una gama de posibilidades y, a partir de los siete años,
la separación entre verdad y mentira resuta clara y evidente.
En un niño de esta edad, el manejo de la situación
presenta otras facetas donde debe rescatarse el contexto donde se
produce el acto.
El porqué del engaño, su posible beneficio, su direccionalidad
(a quién le miente), su relación con otras mentiras
o secretos familiares (no sabe que es adoptado, por ejemplo), su
compromiso afectivo ("lamento haberlo hecho") son características
que hay que evaluar cuidadosamente.
El pediatra tiene su lugar a través de la orientación
y del asesoramiento, el psicólogo colabora a través
de la interconsulta y el eventual diagnóstico especializado.
Cabe agragar una dimensión particular para estas conductas
de un niño. Su carácter de dependencia obligada hacia
los adultos plantea existencialmente la posibilidad de ubicar la
mentira como una obligación forzosa.
En
otras palabras, muchos niños mienten porque las situación
los conmina a hacerlo y siguen mintiendo por temor al castigo ("no
tienen más remedio"). En estos casos queda descripto
un circuito de comunicación viciado con una respuesta que
lo favorece. A más mentira
más castigo y a más castigo, más mentira.
Llega un momento donde ya no importa quién empezó
el juego o porqué lo hizo, solo interesa su perpetuación
hasta el agotamiento.
Desarmar
esta trampa es una prioridad escencial en el manejo de estas situaciones.
Dr.
Jorge Blidner
Especialista
en Psiquiatría Infantil. Hospital de Niños Ricardo
Gutiérrez
CONSULTENOS |