Resumen:
Las
lesiones glúteas por armas de fuego son potencialmente
letales y su mortalidad se relaciona con el sangrado masivo
e incontrolable, el tiempo perdido sin diagnóstico
y la localización de la lesión.
Comentamos nuestra experiencia con 6 pacientes varones atendidos
en el Departamento de Urgencia del Hospital de Niños
R. Gutiérrez de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, durante el periodo comprendido entre diciembre de 1996
a diciembre de 2001.
Los pacientes fueron categorizados inicialmente utilizando
el I.T.P.(Indice de Trauma Pediátrico), y la predicción
de mortalidad fue valorada con el poder de discriminación
del I.S.S.(Injury Severity Score).
Los
promedios ITP e I.S.S. fueron de 7.8 (dispersión 5-9
) y 14.9 (dispersión 5-32) respectivamente.
Las edades de los pacientes oscilaron entre 2 a 9 años
(2, 4, 5, 7, 8 y 9 años).
Las lesiones glúteas se clasificaron en altas y bajas
utilizando como reparo divisorio una línea imaginaria
que une ambos trocánteres mayores, aplicando un algoritmo
diagnóstico terapéutico basado en la topografía
de la lesión y la condición hemodinámica
de los niños.
Cuatro de los 6 pacientes ingresados, fueron operados sin
registrarse mortalidad. El calibre prevalente de los proyectiles
involucrados fue 9 mm. y no se observó mortalidad.
Se comentan las dificultades que presentan los pacientes pediátricos
en cuanto al diagnóstico y metodología de estudio,
proponiendo en base a la topografía de la lesión,
al índice de sospecha lesional, a la clínica
presente y al resultado inmediato de los estudios de primer
orden un algoritmo de manejo inicial hospitalario.
Introducción:
Las
lesiones glúteas por armas de fuego en pediatría son
todavía infrecuentes, pero su importancia radica en que cuando
se producen, pueden convertirse en un serio problema que amenaza
la vida.
Los cirujanos de trauma y emergentólogos debemos disponer
de algoritmos normatizados que nos permita ejecutar en forma rápida
y racional maniobras salvadoras de vida y estudios complementarios
durante la atención inicial.
Quien
no cumpla con estos preceptos no advertirá complicadas lesiones
y consumirá minutos de la hora de oro, por no entender entre
otras cosas, que el trauma es una enfermedad tiempo dependiente.
El objetivo del siguiente trabajo se sustenta en el hecho de haber
observado que los niños con este tipo de lesiones, son manejados
sin ningún tipo de protocolos, razón por lo cual queremos
proponer una estrategia de diagnóstico y tratamiento que
nos permita actuar en forma inmediata.
Material
y Método:
A
través de un estudio retrospectivo y no comparativo se presentan
6 pacientes atendidos en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez
de Buenos Aires e internados en el Departamento de Cirugía
en forma consecutiva durante el periodo comprendido entre diciembre
de 1996 a diciembre de 2001.
Para la realización del siguiente trabajo se utilizaron los
criterios de tratamiento inicial hospitalario y reanimación
señalados en el manual ATLS del American College of Surgeons
(1) .
Como herramienta de “triage” fue utilizado el Indice
de Trauma Pediátrico (2) (ITP), mientras que la predicción
de mortalidad fue calculada mediante el poder de discriminación
del Injury Severity Scale (3) (ISS).
Durante la evaluación inicial se definió:
- estado hemodinámico de los pacientes–estable o
inestable-
- localización topográfica de la lesión (alta
o baja) según los siguientes criterios.
Criterios
topográficos: División anatómica (Zona ALTA
y BAJA) (4)
Límite
Superior: línea que une ambas cresta ilíacas posterosuperiores
Límite Inferior: repliegue glúteo
Límite Externo: línea imaginaria que une el trocánter
mayor del fémur con la cresta ilíaca posterosuperior
del mismo lado
Región glúeta derecha e izquierda separadas por el
pliegue interglúteo
(ver figuras n° 1 y 2)

Figura
1
· ZONA
ALTA: por arriba de la línea imaginaria que pasa por los
trocánteres mayores
· ZONA
BAJA: por debajo de la línea imaginaria que pasa por los
trocánteres mayores
Una vez definida
la condición hemodinámica y la localización
de la lesión se aplicó el siguiente algoritmo de diagnóstico
y tratamiento:
ALGORITMO
DE DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO

Resultados:
Casuística (ver tabla n°1)

Caso
n°1: Fotos 3 y 4.
Laparotomía mediana, orificio de entrada en FID
Tres orificios de salida

Foto
5 - Caso n°3: Orificio de entrada (zona alta)
Caso
n°5: (fotos 6 y 7). Orificio de entrada en zona glútea
alta. Orificio de salida de muslo izquierdo

Caso
n°6 (fotos 8 y 9 ): Orificio de entrada y trayecto en sedal
del proyectil

Caso n°6 (foto 10): Proyectil
extraído -calibre 45-
Discusión:
A pesar de su infrecuente presentación, cuando se producen
este tipo de lesiones, pueden dañarse numerosos órganos,
como ser: nervio ciático, vasos ilíacos (glútea
superior e inferior, vasos pudendos internos, etc.), vejiga, uretra,
recto, útero y anexos.
En la región glútea hay que tener bien presente la
poca elocuencia de signos y síntomas que este tipo de lesiones
puede generar durante los primeros momentos y mantener un alto índice
de sospecha respecto de las posibles lesiones en los órganos
mencionados(5-6).
Esto permitirá dirigir los estudios complementarios con criterio
racional y en tiempos adecuados.
El cirujano de trauma debe ser consciente de que cualquier lesión
penetrada en este sector, en los adultos presenta un elevado riesgo
de lesión visceral y vascular con hemorragia rápidamente
letal en el 25 % de los casos (7-8) . En este sentido, las heridas
contuso penetradas por armas de fuego, son la causa más común
de lesiones vasculares a dicho nivel (5-6-8-9-10-11) .
Respecto a la clínica, la misma variará desde una
presentación poco elocuente hasta un cuadro gobernado por
la sintomatología que genera la lesión órgano
específica, el hematoma contenido o el sangrado libre y masivo
en las cavidades abdominal y/o pelviana (4-8-12) .
En el primer caso, el paciente se presentará estable hemodinámicamente
o con algún grado de hipotensión que responderá
inicialmente a la administración de líquidos, mientras
que aquellos con sangrado libre peritoneal presentarán hipotensión
severa (4-12-13)
La reposición de volumen en estos casos, tiene trascendental
importancia en la determinación de la morbilidad (presencia
de disfunción orgánica) y mortalidad (14).
En contraposición a reposición clásica de volumen
durante la atención inicial (3 bolos de 20 cc por Kg. de
peso), en los últimos tiempos se han reportado estudios acerca
de la sustitución limitada o moderada de líquidos
antes del control del foco quirúrgico de sangrado.
Sustenta
esta observación el hecho de que muchos pacientes con heridas
desangrantes al ser reanimados con líquidos en forma clásica,
han presentado alteraciones de las características del trombo
y han incrementado la tasa de sangrado (14 – 15)
En este sentido, es importante recordar el concepto de shock controlado
(ej; hipovolemia en pacientes con sangrado pelviano venoso que puede
cohibirse con fijación externa) vs. shock no controlado (ej;
hipovolemia en una lesión vascular mayor penetrada) en el
que es imprescindible el control precoz del foco quirúrgico(14)
.
El Colegio Americano de Cirujanos ha enfatizado que la letra C del
ABCDE de la reanimación inicial, significa Circulación
con Control de hemorragia, es decir, que tan importante como la
reposición es controlar el foco de sangrado (1) .
Debe recordarse que la disfunción orgánica múltiple
que se desarrolla en el paciente traumatizado, es función
de la duración del shock durante la atención inicial.
Asimismo, desde hace tiempo se ha referido la controversia del efecto
de la utilización de soluciones cristaloides vs. coloides
en la reposición de volumen y más recientemente sobre
el efecto de dichas soluciones sobre la inmunidad y sobre la coagulación.
En un futuro no muy lejano, las soluciones transportadoras de oxígeno,
hemoglobinas y perfluorocarbonos podrían convertirse en una
variante terapéutica a considerar en estos casos (5- 14 -
15).
Es importante recordar que los datos de laboratorio proporcionan
poca ayuda en el diagnóstico inicial de estas lesiones. Luego
de agrupar y tipificar la sangre, se solicitará un hemograma
y gases arteriales para evaluar el proceso de reanimación
(5-11-12).
También
es conveniente registrar los valores basales de ácido láctico
y monitorizarlos para corroborar los progresos en la reanimación
(16) .
El uso de la ecografía es útil para detectar líquido
libre en cavidad peritoneal, especialmente a nivel del fondo de
saco de Douglas, pero ofrece escasa información acerca del
retroperitoneo y los vasos pelvianos.
Este
estudio de primer orden lo estamos realizando los cirujanos de trauma
desde hace 2 años siguiendo la sistemática F.A.S.T.
(17) (Focused Assesment Sonography for Trauma) con resultados alentadores.
Una
radiografía simple (frente y perfil) nos da una idea tridimensional
de la ubicación y posible trayectoria del proyectil. Puede
realizarse un urograma excretor en la sala de urgencia (cuando el
paciente esté estable) o en quirófano para corroborar
la funcionalidad renal y la fuga de material de contraste a nivel
del sistema excretor o vesical (4-5-6-18).
La
visualización de un afinamiento en la silueta de la vejiga
(vejiga en llama) nos orientará a sospechar hematoma intrapelviano.
Con igual finalidad, una tomografía computarizada con triple
contraste (endovenoso, oral y enema hidrosoluble) deberá
realizarse en aquellos pacientes estables hemodinámicamente
con macro o microhematuria y posible lesión organoespecífica.
Según la observación clínica de cada paciente
en particular, se indicará ante la salida de sangre fresca
por el meato (hemouretrorragia), una uretrocistografía para
documentar una lesión de uretra y/o vejiga (4-18) .
Es muy importante recordar que hasta que no se halla constatado
la indemnidad uretral no se colocarán sondas urinarias para
evitar lesiones por falsas vías o rotura total y completa
de la uretra.
Su
trascendencia clínica cuando se lesiona la pars posterior
(uretra membranosa), radica en que su ubicación intrapelviana,
la relaciona en forma directa con los mecanismos esfinterianos y
los nervios erigentes. El globo vesical es de observación
frecuente y la presencia de sangre, escasa (18 - 19) .
Si el cirujano de trauma no posee experiencia urológica se
recomienda realizar una cistostomía suprapúbica y
diferir todo tipo de tratamiento al especialista.
La inspección de la zona anorrectal incluirá el tacto
y la rectoscopía (4) . Ante la presencia de elevación
prostática o hematoma perineal evidente, se sospechará
rotura de uretra. La proctorragia nos hará pensar en lesión
intestinal (19-20- 21-22) .
Cuando los pacientes están inestables hemodinamicamente se
tratará de llevarlos a la condición de hipotensión
controlada mediante una rápida y enérgica reanimación
hídrica (1-5-6-9) .
Para
estos casos, la angiografía sigue siendo el “gold standard”
(4) sin embargo, frecuentemente no es realizable en el manejo agudo
de estos pacientes por no estar disponible durante las 24 horas.
Es
recomendable utilizar la angiografía luego de realizados
los estudios de primer orden en lesiones reconocidas como altas
y con hallazgos que no revelan datos contundentemente positivos.
Los pacientes estables con lesiones en zona alta que luego de realizar
estudios de primer orden evidencian lesiones, tienen indicación
de cirugía (4) .
Si se decide operar, el cirujano deberá corroborar la disponibilidad
de sangre tipificada en la sala de operaciones para una reanimación
vascular enérgica (25) .También debe evitarse y tratarse
la hipotermia mediante el uso de colchones térmicos y la
cobertura de extremidades y cabeza (26) .
Todas
las infusiones deberán administrarse a 37 grados centígrados
(3-5-6-8-9) y el tratamiento antibiótico comenzará
con una adecuada profilaxis perioperatoria realizarla siempre con
cefoxitina (3-5-8-9-10) o el esquema que se crea más conveniente
para cada institución.
Muchos
creen que la temperatura generada por la combustión y la
fricción del proyectil lo hacen estéril, pero la perforación
de ropas, tegumentos y órganos huecos, son factores altamente
contaminantes. La misma, es consecuencia de las bacterias que lleva
el proyectil en su superficie y al quedar alojado en un área
de tejido desvitalizado, rodeado por un hematoma puede ser un factor
de infección.
Las hemorragias rápidamente letales (generalmente por rotura
de los vasos glúteos) podrán tratarse mediante la
ligadura ipsilateral de la arteria ilíaca interna tras obtener
control proximal y distal de la misma.
Las lesiones vasculares deben de ser clasificadas con la Escala
de Valoración de Lesiones de la Asociación Americana
de Cirugía del Trauma (AAST-OIS) aplicando los principios
universales de la cirugía vascular (7) .
Por último, si usted decide tratar de manera conservadora
una víctima por arma de fuego considere la posible intoxicacion
con plomo. La mayoría de los proyectiles no tienen este problema
pero todos potencialmte pueden provocarlo especialmente los intraarticulares.
Los
síntomas pueden ser solapados durante largos periodos, y
la sospecha se fundamentará en la observación de anemia,
dolor abdominal recurrente, nefropatía, encefalopatía,
etc. en un paciente portador de cuerpos extraños metálicos.
Comentarios finales:
La tendencia ininterrumpida del aumento de lesiones por armas de
fuego en los niños, es una clara señal de lo mucho
que nos falta por hacer para lograr erradicar la violencia de nuestra
sociedad. Esta tarea será muy dificultosa si no es respaldada
por políticas que contemplen programas horizontales de prevención,
adecuados planes de educación, junto con los máximos
esfuerzos para combatir la pobreza y el desempleo.
En virtud de lo observado y como comentario final proponemos:
1- Los aspectos clínicos
de cualquier patología constituyen sin duda el pilar en
el que se sustenta gran parte del conocimiento de la praxis médica.
De hecho la medicina clínica es la que brinda la primera
aproximación de la enfermedad, por ser justamente la medicina
de lo que se manifiesta (27) .
Ahora
bien, el hecho de haber observado que este tipo de lesiones son
manejadas sin ningún tipo de idea rectora, protocolos,
etc, hace que proponemos trabajar con esta estrategia terapéutica,
que permite en base a lo observado, actuar en forma efectiva,
racional e inmediata.
2- Las lesiones glúteas por armas de fuego en pediatría
son todavía infrecuentes, pero su importancia radica en
que cuando se producen, pueden convertirse en un serio problema
que amenaza la vida.
3- Su mortalidad se relaciona con el sangrado incontrolable, el
tiempo perdido sin diagnóstico y la localización
de la lesión.
4- El diagnóstico inicial debe basarse principalmente en
el análisis del mecanismo lesional, la clínica y
los estudios complementarios de primer orden realizados correctamente
en tiempo y secuencia.
5- Durante la primera evaluación se debe definir el estado
hemodinámico y la localización topográfica
de la lesión para utilizar los algoritmos propuestos.
6- Cuando las lesiones son altas y no se dispone de ecografía
ni de T.A.C se podrá reemplazar la misma por el lavado
peritoneal diagnóstico (LPD).
7- Cuando los pacientes están inestables hemodinámicamente
se tratará de llevarlos a la condición de hipotensión
controlada mediante una rápida y enérgica reanimación
hídrica. Para estos casos, la angiografía sigue
siendo el estudio “gold standard”.
A
pesar de su poca utilización en la práctica pediátrica,
la EMBOLIZACION selectiva es una posibilidad que todo cirujano
de trauma deberá tener presente antes de indicar la ligadura
de la iliaca interna.
8- Las lesiones que comprometen cuello vesical y uretra deberán
ser tratadas por el especialistas (urólogo infantil) de
manera diferida.
9- De acuerdo a lo observado se concluye que la falta de protocolización
interdisciplinaria atenta peligrosamente contra el concepto de
atención integral del niño traumatizado.
10- La controversia que actualmente plantea este tipo de lesiones,
gira alrededor de los siguientes puntos: 1-cirugía al paciente
adecuado, 2- reducción de las posibilidades de inadvertir
lesiones potencialmente letales y 3- reducción de costos.
Quien pueda contemplarlos actuará con arte y con ciencia.
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Jorge Fiorentino
Dr.
Fernando Huaier
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