El
niño que debe ser hospitalizado, aunque sea por un breve
periodo, puede tener preocupaciones y miedos que se fundamentan
en lo desconocido.
Es
probable por ejemplo, que a un niño de 6 o 7 años
le preocupe el entorno: ¿cómo será su cama?,
¿Si hay otros niños para jugar?, ¿Qué
va a comer? ¿Cuánto tiempo estará internado?,
¿Qué sucederá con el colegio y cuándo
podrá jugar nuevamente al fútbol?.
Tales
preocupaciones son lo manifiesto, lo que podemos observar ¿pero
qué ocurre con lo que no escuchamos ni vemos de nuestros
niños?
Lo que no sabemos es lo que en realidad le ocurre y siente cada
niño en esta situación...
En
algunos casos pueden aparecer temores: ¿Qué me van
a hacer? ¿Cómo me lo harán? ¿Me dolerá?
Lo
más importante es la necesidad que tiene de la presencia
de sus padres. Estos son solo algunos elementos que sugieren la
conveniencia de que el niño y la familia posean una información
pormenorizada de todo lo que preocupa. Se trata de evitar los sufrimientos
evitables y que una experiencia "potencialmente traumática"
pueda ser superada holgadamente.
Los
niños más pequeños tienen restringida la posibilidad
de comunicarse y su relación mente-cuerpo es más estrecha.
Por ejemplo los lactantes no podrán expresarse a través
del pensamiento y del lenguaje, por lo que descargarán sus
emociones a través del cuerpo.
La
actitud emocional de los padres ante la hospitalización y
operación, desempeña un papel fundamental en las reacciones
de sus hijos, ya que son los intermediarios naturales entre ellos
y el mundo.
Los
padres necesitan ser ayudados por todos los integrantes del equipo
de salud, y así tener un comportamiento que se adecue a las
necesidades de sus hijos.
Existe
un amplio espacio para la prevención de situaciones conflictivas
frente a la internación que se extiende desde la actitud
receptiva y cálida del personal de salud, hasta la posibilidad
de una psicoterapia situacional breve.
Estamos
absolutamente convencidos que el éxito quirúrgico
debería medirse no solo y por decirlo de algún modo,
por la estética de una herida bien cicatrizada, sino también
por la integridad emocional del niño y su entorno.
El
compromiso que asumimos, cuando resulta satisfactorio, se expresa
con la gratitud y el afecto de nuestros pacientes haciéndonos
sentir mejores médicos... y eso para un pediatra :
¡¡¡
NO TIENE PRECIO !!!!
Consúltenos |