A-
INTRODUCCIÓN
Diariamente
encontramos información actualizada sobre la importancia
que tienen los primeros años en la vida de un niño.
Se publican artículos en diarios y revistas, nuevas páginas
en Internet, columnas en programas de radio y T.V que dirigen su
interés hacia la atención temprana y el desarrollo
infantil.
Los profesionales de la salud que trabajamos con niños desde
su nacimiento en más, hacemos gran hincapié en que
los padres estén atentos a cualquier señal de desviación
de la conducta esperada para el momento evolutivo de su hijo.
Es que muchas veces algunas discapacidades pueden recibir un tratamiento
adecuado si son visualizadas precozmente. Para ello hace falta que
los papás sepan hacia donde dirigir su atención y
entonces aportar datos al equipo profesional que efectúa
el diagnóstico, que son de vital importancia en lo que respecta
a los hábitos de la vida diaria, la alimentación,
el sueño, la conducta social y otros aspectos que no siempre
son percibidos en el consultorio.
Para evaluar a un bebé la herramienta primordial con la que
se cuenta es la observación de su actividad espontánea
en las diferentes posiciones a las que el bebé puede acceder
progresivamente (boca arriba, boca abajo, sentado, parado). Es importante
que el bebé esté en un lugar cómodo, alejado
del horario de alimentación, sin sueño, con una temperatura
ambiente agradable, sobre una colchoneta, sin ropa y con una luz
ambiental que no lo perturbe.
B-
EL DESARROLLO ESPERABLE
Los seres humanos nacemos neurológicamente inmaduros e indefensos;
sólo el sostén y la asistencia externos nos permiten
subsistir y desarrollarnos.
Naturaleza y ambiente están indefectiblemente unidos y comparten
la responsabilidad de favorecer o no la continuación de la
existencia humana. Un crecimiento es posible si está acompañado
de contención y afecto.
Sobre
las posibilidades del medio ambiente en cuanto a la estimulación
temprana del niño, nos remitimos a un trabajo anterior que
publicamos en la página www de Paideia.
El sentido que intentamos darle a este aporte es brindar una serie
de datos acerca de las características propias de un desarrollo
normal, y que éstos sirvan de referente a la hora de pensar
en posibles desviaciones anunciadoras de patología. En relación
a esto último haremos mención a qué señales
emitidas por el hijo, deben los padres prestar particular atención.
Si miramos atentamente al recién nacido, percibiremos que
sus primeros movimientos son amplios, bruscos e incoordinados. Su
conducta está regida por reflejos arcaicos (succión,
prensión, marcha) que funcionan como respuestas automáticas
que se desencadenan ante ciertos estímulos. Esto le permite
al bebé adaptarse al medio y sentar las bases de futuros
aprendizajes. Mediante el ejercicio de los reflejos y a medida que
el sistema nervioso se va desarrollando, las respuestas dejarán
de ser reflejas y pasarán a ser voluntarias.
Este
proceso evolutivo atraviesa diferentes momentos que vamos a describir
a continuación.
B
1- DESARROLLO MOTOR
El desarrollo motor se inicia en la cabeza y cuello, y sigue luego
hacia el tronco y los miembros.
El
primer signo de buena evolución motora es el sostén
de la cabeza. En los tres primeros meses de vida, es normal que
si el bebé está acostado boca abajo, levante la
cabeza a 45°. Luego lo hará firmemente y en posición
de sentado.
Otro signo importante de evolución es que pueda, acostado
boca abajo, alzar el tórax y la cabeza apoyado en las manos
o antebrazos, y también que si se le sostienen las manos,
el bebé traccione del ayudante y logre sentarse.
Hacia los 6 meses, logrará sentarse sólo. Primero
lo hará haciendo “trípode” con los brazos
apoyados en el suelo y finalmente lo hará solo sin ningún
apoyo y con las manos libres para asir objetos.
El paso siguiente será pararse aferrándose a un
elemento que le sirva de sostén y volviendo a la posición
sentado, alternativamente.
Luego comenzará a desplazarse gateando e intentará
caminar apoyándose en muebles o de la mano de un adulto.
Progresivamente
irá logrando el equilibrio y la coordinación necesarias
para independizarse del apoyo y realizar actividades motoras más
complejas como saltar, correr, subir escaleras y patear una pelota.
B 2- LA COORDINACIÓN
Paralelamente al desarrollo descripto, el bebé adquirirá
la capacidad de coordinación de los movimientos de los
ojos y las manos para poder alcanzar objetos logrando cada vez
una mayor precisión en sus actos.Esta evolución
va a producir respuestas del medio ambiente desarrollándose
un proceso de socialización, autonomía e independencia.
El bebé comienza mirando a la cara desde recién
nacido. Al mes y medio empezará a sonreír ante estímulos
que le dan placer, como puede ser una cara humana. Luego la sonrisa
se transformará en una respuesta específica a la
sonrisa de la madre.
Posteriormente,
reaccionará ante quienes no son su mamá generando
lo que se ha llamado la angustia del octavo mes.
Un logro que le abrirá grandes posibilidades será
el descubrir sus manos y con ellas la posibilidad de jugar, tomar
objetos y arrojarlos, dar palmaditas o buscar algo oculto bajo
una sábana.
El
juego permitirá al niño estimular la coordinación
visual y motora así como explorar los objetos y el ambiente
que lo rodea.
Más
adelante, colaborará en el desarrollo de su imaginación
y le permitirá expresar sentimientos y ansiedades.
B
3- EL LENGUAJE
Durante el desarrollo del bebé, las primeras palabras,
al igual que los primeros pasos, son muy esperados por los papás.
El
recién nacido se expresa sólo mediante el llanto
y a veces, la sonrisa.
La evolución del lenguaje comienza a manifestarse tempranamente
a través del juego vocal que consiste en sonidos guturales
que el bebé repite hasta que incluye sonidos nuevos.
Entre el tercero y octavo mes, comenzará con el balbuceo
(da-da, ma-ma) que más adelante, dará lugar a las
primeras palabras.
Los
sonidos emitidos y que resuenan familiares a partir de lo que
se habla en el entorno, serán la base del aprendizaje de
la lengua materna; la lengua que será comunicación
y que acompañara a gestos y entonación.
Si el lenguaje se ve retrasado o prácticamente no existe,
será necesario investigar la existencia de déficits
auditivos o trastornos emocionales por perturbación de
los vínculos.
C
- ¿QUÉ CONSTITUYE UN SIGNO DE ALARMA?
Los bebés nacen con cualidades físicas, sociales y
psicológicas propias que les permiten comunicarse, aprender
y desarrollarse. Esto es un hecho en todos los niños, aún
en los que tienen dificultades.
El
desarrollo cerebral durante el primer año de vida es vulnerable
a las influencias del medio de crianza que rodea al niño.
Son fundamentales la alimentación, la atención, el
afecto, el estímulo y las posibilidades de interacción.
El bienestar físico por separado no es suficiente para que
un niño se desarrolle. Los bebés que sufren tensiones
extremas durante los primeros años tienen mayor riesgo de
desarrollar una amplia variedad de dificultades cognitivas, de comportamiento
y emocionales.
Según el momento evolutivo en que se encuentre el bebé,
deberán llamarnos la atención los siguientes signos
de alarma de que algo no está funcionando como debiera:
- Hipotonía
o hipertonía muscular generalizada (un bebé demasiado
laxo o demasiado rígido).
- Retardo en
el sostén de la cabeza.
- Poca expresión
facial.
- Falta de
imitación.
- Déficit
en el contacto visual, no mira a las personas, no fija la mirada
en los objetos (mirada vacía).
- Ausencia
de sonrisa.
- Tranquilidad
excesiva y/o accesos de cólera (un bebé demasiado
calmo y a veces demasiado nervioso sin motivo aparente).
- Aislamiento,
retracción afectiva, indiferencia (no se interesa por las
personas o cosas que lo rodean).
- Ignorar los
juguetes o utilizarlos de manera infrecuente.
- Balanceo
(rocking), juegos de manos y dedos delante de los ojos y por largos
períodos de tiempo.
- No presentar
angustia de separación.
- No reaccionar
frente a los sonidos.
- Presentar
un balbuceo pobre y no comunicativo.
- Padecer trastornos
de sueño, de la alimentación y digestivos.
- Anomalías
significativas en la curva térmica.
Para
constituir una señal de alarma, estas manifestaciones deben
darse de manera sistemática y periódica en la vida
del niño.
Hay
cosas simples que los padres pueden hacer para detectar algún
signo de desfasaje en la evolución de su hijo. Por ejemplo,
poner una tela o juguete de colores brillantes al lado de su cara
y ver si lo sigue con la mirada; pararse en silencio detrás
del bebé y aplaudir fuerte para comprobar si hace gestos
de asombro; fijarse si un bebé de más de tres meses
puede levantar su cabeza cuando está acostado boca abajo;
sonreírle y ver si responde a la sonrisa.
La
identificación de alguna dificultad en el niño en
sus primeros meses de vida, nos evita los diagnósticos tardíos
y el consiguiente retraso en el inicio de la intervención
específica, todo lo cuál influye negativamente en
su pronóstico. Siempre es importante estar atentos y realizar
la consulta a tiempo.
Lic.
Rosa Ocaña - Psicóloga 
Lic.
Carmen Villanueva - Psicopedagoga  |