Los
padres, maestros, pediatras y los miembros de la comunidad en general,
estamos muy preocupados por el número creciente de niños
y adolescentes que mueren y se lesionan a causa del incompresible
uso de armas de fuego.
Como
consecuencia de la violencia globalizada, las heridas de bala en
los niños menores de 16 años han aumentado un 300%
en las grandes ciudades desde el 1986 hasta la actualidad.
Sólo
por dar un ejemplo, el Departamento de Cirugía del Hospital
de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires a tratado
a más de 20 heridos por armas de fuego durante el 2000.
Cada
día, 10 niños americanos menores de 18 años
mueren en suicidios, homicidios y accidentes causados por las armas
de fuego. Muchos más sufren heridas severas.
Aproximadamente
3.000 adolescentes estadounidenses se suicidan anualmente usando
un arma de fuego y el 60 % de estos suicidios se llevan a cabo con
este tipo de armas.
Se
estima que una importante cantidad de jóvenes llevaron armas
de fuego a la escuela y como prueba de lo antedicho durante el año
pasado se publicaron en nuestro país, varios casos de lesiones
sufridas por armas de fuego padecidas por alumnos y maestros.
Analizando
en entorno familiar de nuestros niños observamos que por
lo menos más de un millar de hogares en la Argentina tienen
armas de fuego y el 50 % de sus dueños las mantienen cargadas.
Analizando
estas afirmaciones, queda claro que no podemos hacer a los niños
y adolescentes a prueba de balas.
Pensemos
que a ellos les gusta jugar y estar activos. Los adolescentes son
curiosos e impulsivos y como su propia denominación lo dice
"adolecen fundamentalmente de juicio". Tales características
son normales para su etapa evolutiva pero cuando se combinan con
las armas de fuego, pueden causar desvastadoras conscuencias.
La
mejor manera de proteger a los niños es sacar las armas de
fuego de su alcance.
Si
los padres quieren tener, o tienen que tener armas de fuego en la
casa, los hijos siempre estarán en peligro, es por eso que
se deberán tomar precauciones extremas.
Las
precauciones para reducir los riesgos:
- Trate
de no tener armas en su casa.
- Guarde
las armas sin balas en una caja cerrada con llave y el lugares
poco accesibles para los niños.
- Sólo
los padres deben saber donde se guardan las armas.
- Guarde
balas y armas por separado y bajo llave.
- Para
los revólveres, ponga un candado alrededor de la barra
superior para que no pueda acconarse el cilindro, o use un candado
de gatillo. Para las pistolas, use un candado de gatillo.
- Nunca
deje las armas de fuego fuera de su vista cuando las esté
limpiando o las haya sacado por cualquier razón. Este
tipo de acciones realíselas cuando no se encuentren sus
hijos junto a usted.
- Aún
cuando los padres no tengan armas de fuego en su propia casa,
deben siempre preguntarle a otros padres si han tomado las mismas
medidas de seguridad que ellos mismos
Analizando
el REGISTRO UNICO DE TRAUMA DEL HOSPITAL
DE NIÑOS RICARDO GUTIERREZ se observa que las
lesiones por disparos "¿accidentales?" ocurrieron
en un 60% en casas de amigos o familiares. Estos eventos ocurrieron
siempre cuando los niños no estaban siendo supervisados y
"¿ jugaban?" solos.
Pero
esto no termina aquí, aún podemos empeorar más
la situación y tenemos con que hacerlo: armas- alcohol -
mala TV : El coktel letal
El
riesgo de violencia aumenta exponencialmente si los jóvenes
ingieren bebidas alcohólicas y tienen a su alcance armas
de fuego.
En
un estudio de suicidio juvenil realizado en Baltimore, se observó
que las víctimas que utilizaron este tipo de armas para suicidarse,
tenían una probabilidad cinco veces mayor de haber estado
bebiendo que las que usaron otros medios para matarse.
Este
mismo estudio, corroboró que las muertes asociadas con armas
de fuego dentro del ámbito familiar, el 90% de los atacantes
y de las víctimas, habían estado tomando bebidas alcohólicas
o usando drogas antes de los homicidios.
El
niño argentino promedio presencia 35 actos de violencia en
la televisión cada día durante el teórico horario
de protección al menor; la mayor parte de los cuales involucran
revólveres o pistolas.
Los
niños imitan lo que ven y se vuelven más agresivos
después de consumir tanta violencia televizada.
Los
padres deben ayudar a proteger a sus niños de los efectos
de la mala televisión. Por ejemplo, deben ver programas con
ellos, limitar las horas frente al televisor, y expresar su desaprobación
cuando vean episodios agresivos y violentos.
Los
niños y adolescentes con problemas emocionales o de comportamiento,
presentan un mayor riesgo y son propensos a la utilización
de armas, contra otros o contra sí mismos.
Los
padres que se preocupan porque su hijo es demasiado agresivo o tiene
un desorden emocional evidente deben solicitar ayuda especializada
para evaluar y tratar el problema.
Si
deseamos mitigar la excesiva vulnerabilidad de los niños,
debemos trabajar proponiendo acciones específicas y realizables.
La gran parte de estos eventos traumáticos se pueden y deben
prevenirse.
¡
La seguridad de quienes no pueden defenderse, es tarea de todos!
Dr.
Jorge Fiorentino 
|